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LOS 7 PILARES

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LOS 7 PILARES DE LA FE ADVENTISTA

Muchos desconocen los pilares sobre los cuales se formó el mensaje adventista. Peor aún, no han distinguido cuál es su fundamento.  
 

¿Acaso hay diferencia entre un pilar y un fundamento? Para responder esa pregunta, primero sería saludable definir los términos. Veamos,
 

① Pilar: 

(1) Elemento de soporte, rígido, más alto que ancho, y normalmente de sección cuadrada o poligonal, que sirve para soportar la estructura horizontal de un edificio, un arco u otra construcción. 

(2) Persona o cosa considerada el soporte o base de algo.

{Fuente: google.com/search}
 

De modo que, al aplicarlo a la formación del mensaje adventista, entendemos que fueron aquellas verdades que dieron solidez y estructura a su organización doctrinal. De modo que, al aplicarlo a la formación del mensaje adventista, entendemos que fueron aquellas verdades que dieron solidez y estructura a su organización doctrinal. Todas las enseñanzas de la Sagrada Escritura son de procedencia divina, pero hay verdades que son clave para la iglesia de Cristo.
 

② Fundamento: 

(1) Principio u origen en que se asienta una cosa. (2) Motivo o razón principal o básica de una cosa.  {Fuente: google.com/search.}
 

Así que, mientras que un pilar es un elemento de soporte, rígido, para soportar la estructura de un edificio, el fundamento es aquello sobre lo que descansa o se apoya el pilar, y esta misma relación la podemos encontrar en la formación del mensaje adventista.
 

La Sagrada Escritura dice esto,
 

 "La Sabiduría edificó su casa, labró sus siete columnas." (Proverbios 9:1.)
 

Es interesante, pero la Biblia identifica quién es la Sabiduría que edificó su casa.
 

Veamos quién es,
 

 "Mas para los llamados, así judíos como griegos, Cristo poder de Dios, y Sabiduría de Dios." (1° Corintios 1:24.)
 

"Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios Sabiduría, justificación, santificación y redención."  (1° Corintios 1:30.)
 

Sí, el Hijo de Dios, Cristo, es la Sabiduría de Dios. Y es la Sabiduría mencionada en Proverbios 8, y que fue engendrada por Dios en el cielo, en la eternidad pasada (Proverbios 8:12, 22-25; Juan 16:27-28; Miqueas 5:2; Juan 1:1-2). Es la misma Sabiduría que, al venir a la tierra, fundó su iglesia, pero que también envió a sus apóstoles y profetas.
 

Notemos la siguiente declaración en el evangelio de Lucas,
 

"Por eso la Sabiduría de Dios también dijo: Les enviaré profetas y apóstoles; y de ellos, a unos matarán y a otros perseguirán."  (Lucas 11:49.)
 

Cristo fundó su iglesia, y esa es la casa de Proverbios 9:1 que fue edificada.
 

Observemos,
 

" Y cuando era de día, llamó a sus discípulos, y escogió a doce de ellos, a los cuales también llamó apóstoles."  (Lucas 6: 13.)
 

Los pilares son las verdades que Dios ha enviado a través de su propio Hijo. El fundamento es el sostén sobre el que descansan esos pilares. Cristo nos dice que una casa construida sin un fundamento sólido caerá.
 

Escuchemos su propia declaración,
 

"Mas el que oyó y no hizo, semejante es al hombre que edificó su casa sobre tierra, sin fundamento; contra la cual el río dio con ímpetu, y luego cayó, y fue grande la ruina de aquella casa." (Lucas 6:49.)
 

Es sumamente de interés el saber que en el pueblo hebreo estaba prohibido quitar los linderes o límites de los caminos.
 

Veamos, "No traspases los linderos antiguos que pusieron tus padres." (Proverbios 22:28.)
 

Y David preguntó,
 

"Si fueren destruidos los fundamentos, ¿qué ha de hacer el justo?" (Salmos 11:3.)
 

Al estudiar los pilares y el fundamento en el movimiento adventista, encontramos que José Bates fue el primero que publicó un folleto acerca de los pilares. El pastor Bates escribió en 1847, es decir, tres años después del chasco, un folleto acerca de los pilares o linderos, basado en Jeremías 31:21.
 

"Establécete señales, ponte majanos altos, nota atentamente la calzada; vuélvete por el camino por donde fuiste, virgen de Israel, vuelve a estas tus ciudades." (Jeremías 31:21.)
 

Hoy necesitamos volver a los linderos antiguos, para que podamos estar en los pilares, los cuales descansan en un fundamento verdadero. Al hablar de la obra de purificación por parte del Hijo de Dios en el cielo,
 

Elena G. de White escribió,
 

"La escritura que por encima de todas las demás había sido tanto el fundamento como el pilar central de la fe del advenimiento fue la declaración: 'Hasta dos mil trescientos días; entonces el santuario será purificado.'" Daniel 8:14. (Elena G. de White, El Conflicto de los Siglos, pág. 409.)
 

Esta declaración nos dice claramente que la enseñanza del santuario es el pilar central de nuestra fe. Sin embargo, veamos otras declaraciones que nos ofrecen una lista ampliada de los pilares en el contexto del mensaje adventista:
 

"El paso del tiempo en 1844 fue un período de grandes acontecimientos, abriendo a nuestros asombrados ojos la purificación del santuario que estaba ocurriendo en el cielo, y teniendo una relación decidida con el pueblo de Dios sobre la tierra, [también] los mensajes del primer y segundo ángel y el tercero, desplegando el estandarte en el que estaba inscrito: 'Los mandamientos de Dios y la fe de Jesús[incluida la justicia por la fe]'. Uno de los hitos bajo este mensaje fue el templo de Dios, visto por Su verdad en el cielo, y el arca que contenía la ley de Dios. La luz del sábado del cuarto mandamiento brilló con sus fuertes rayos en el camino de los transgresores de la ley de Dios. La no inmortalidad de los impíos es un viejo hito.” (Elena G. de White, Consejos para Escritores y Editores, págs. 30-31; en inglés.)
 

Hasta aquí, hemos visto una enumeración de (5) cinco pilares. Ella repite el Santuario, y usa expresiones que para muchos se convierten en motivo de confusión, pues hacen una lista incorrecta, ignorando los otros dos (2) pilares que faltan para llegar a los siete (7) pilares.
 

Ella ha mencionado, 

El santuario. 

▪ La no inmortalidad de los malvados. 

▪ La Ley de Dios, incluyendo el Sábado. 

▪ La fe de Jesús (la Justificación por la fe). 

▪ Los Mensajes de los Tres Ángeles.
 

Veamos a continuación, la siguiente declaración del Espíritu de Profecía,
 

"Aquellos que buscan remover los viejos hitos no se mantienen firmes; no recuerdan lo que han recibido y oído. Los que intentan introducir teorías que derribarían los pilares de nuestra fe acerca del santuario o acerca de la personalidad de Dios o de Cristo, están obrando como ciegos. Buscan introducir incertidumbres y dejar al pueblo de Dios a la deriva sin ancla.” (Elena G. de White, Ye Shall Receive Power [Recibiréis Poder], p. 235.)
 

Esta declaración menciona el santuario, nuevamente como un pilar de nuestra fe, pero también menciona las personalidades de Dios y de Cristo como pilares, y trae el símbolo de un ancla. El ancla sirve para mantener a una embarcación segura y estable. 


Consideremos una declaración más que nos ayudará a completar nuestros 7 pilares.
 

"La única seguridad ahora es buscar la verdad como se revela en la palabra de Dios, como un tesoro escondido. Los temas del sábado, la naturaleza del hombre y el testimonio de Jesús son las grandes e importantes verdades que deben entenderse; estos demostrarán ser un ancla para sostener al pueblo de Dios en estos tiempos peligrosos." (Elena G. de White, Testimonies for the Church [Testimonios para la Iglesia], vol. 1, p. 300.)
 

En esta declaración vemos el testimonio de Jesús en la misma categoría que los pilares y referido como un ancla. Aunque esta declaración no menciona el término pilar (o punto de referencia), presenta el símbolo del ancla como equivalente a pilares y puntos de referencia.
 

Agrupando las menciones que hace el Espíritu de Profecía, encontramos la siguiente lista: 

El santuario. 

La no inmortalidad de los malvados. 

La Ley de Dios, incluyendo el Sábado. 

La fe de Jesús (la Justificación por la fe). 

Los mensajes de los 3 ángeles. 

Las personalidades de Dios y de Cristo. 

El Testimonio de Jesús (El Espíritu de Profecía).
 

Estas ciertamente son doctrinas fundamentales que tienen gran importancia, no solo para el adventista, sino para todo cristiano, aunque tristemente, no todas son recibidas.
 

A muchos adventistas se les escucha hablar de los pilares, tengan la lista correcta o no, pero ellos ignoran de que, aun teniendo los pilares, de nada sirven si no están cimentados en un fundamento sólido y firme.
 

Por eso, debemos conocer y estar bien claros y firmes acerca del fundamento sobre el que descansan. 


¿Cuál es el fundamento sobre el que descansan estos pilares? 


Según la Biblia, y según los Testimonios, la enseñanza de que Jesús es el Hijo de Dios es el fundamento de la experiencia del cristiano. Cuando Jesús y sus discípulos “llegaron a los términos de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?” (Mateo 16: 13.)
 

Después de dar las opiniones de otros, Pedro acertadamente declaró que Jesús era “el Hijo del Dios viviente” (v. 16.) Observemos la respuesta de nuestro Salvador,
 

“Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella" (v. 17, 18).
 

La roca no es Pedro, porque las puertas del infierno prevalecieron contra él en más de una ocasión (Mateo 26:69- 75; Gálatas 2:11, 12). Además, el contexto escritural apunta hacia la declaración dada por Pedro; es decir, la verdad de que Cristo era el Hijo del Dios viviente. Y es interesante, pero el Espíritu de Profecía está en total armonía con esta idea; notemos,
 

“La verdad que Pedro había confesado es el fundamento de la fe del creyente. Es lo que Cristo mismo ha declarado vida eterna... Pedro había expresado la verdad que es el fundamento de la fe de la iglesia.” (Elena G. de White, The Desire of Ages [El Deseado de Todas las Gentes], pp. 412-413.) 


A continuación, veremos que el fundamento de los creyentes es nuestro Señor Jesucristo, "Ahora, pues, ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios; edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo.” (Efesios 2:19, 20.)
 

En conclusión, el fundamento de los apóstoles se sustenta o descansa sobre este fundamento: "Jesucristo es el Hijo del Dios viviente". Si los pilares no descansan en un fundamento sólido, no es firme su estructura. Y, ¿qué es lo que ocurre cuando el fundamento no está simentado en lo sólido?
 

Recordemos las palabras de nuestro Salvador,
 

 "Mas el que oyó y no hizo, semejante es al hombre que edificó su casa sobre tierra, sin fundamento; contra la cual el río dio con ímpetu, y luego cayó, y fue grande la ruina de aquella casa." (Lucas 6:49.)
 

Así que, el fundamento de la iglesia que Cristo fundó es Jesucristo, el Hijo del Dios viviente; y el fundamento del mensaje adventista es la misma declaración que vino de Dios a través del apóstol Pedro: Jesucristo es "el Hijo del Dios viviente".
 

Y, ¿cuál es el fundamento del mensaje adventista? ¿Podría ser otro? 


Todo creyente adventista debería revisar si en verdad cree esto mismo. Quizás Ud. se sorprendió que hayamos puntualizado sobre la necesidad de seguir creyendo lo mismo que creyó la iglesia apostólica fundada por nuestro Señor Jesucristo, y lo mismo que también creyeron nuestros pioneros adventistas cuando recibieron el mensaje de Dios, incluyendo a la profetisa Elena G. de White.
 

Sin embargo, lo cierto es que muchos dicen creer lo mismo, pero cuando declaran lo que creen, resulta que no aceptan el hecho de que Cristo haya nacido en el cielo, antes de llegar a la tierra a través de la Virgen María. Su teología se aleja de la Sagrada Escritura. Usan muchos subterfugios para ocultar su creencia verdadera.
 

Pero, esto es lo que dice la Escritura,
 

"Sea con vosotros gracia, misericordia y paz, de Dios Padre y del Señor Jesucristo, Hijo del Padre, en verdad y en amor." (2°Juan 1:3.)
 

Sí, es Hijo "en verdad", y no figurado o por un rol temporario, o porque haga un papel. La Palabra de Dios jamás miente. O, como bien lo expresa el apóstol, "De ninguna manera; antes bien, sea Dios veraz, y todo hombre mentiroso..." (Romanos 3:4).
 

Y es que,
 

"…de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito..." (Juan 3:16).
 

¡Si Ud. lo cree, será salvo!
 

¡Muchas bendiciones!
 

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